LA IMAGEN VERDADERA Y LA APARIENCIA DEL HOMBRE

Publicado en por SEICHO-NO-IE DE ESPAÑA

LA IMAGEN VERDADERA Y LA APARIENCIA DEL HOMBRE

 

 

Hoy vamos a estudiar el capítulo titulado “Hombre”, de la Sutra sagrada Lluvia de Néctar de la Verdad.

Este capítulo, además de ser el más largo, es el último por ser el más importante y constituye el desenlace de esta Sutra. En este capítulo se esclarece lo que es el hombre.

¿Entonces, qué es el hombre?

Todo hombre es hijo de Dios.

Comprendiendo realmente esta Verdad, ocurren hechos milagrosos como la cura inmediata, parálisis, enfermedad gástrica, neurosis etc. Tales hechos pueden parecer inexplicables a los ojos de algunas personas, pero son hechos de lo más natural del mundo.

Lo realmente inexplicable es el que el hombre, siendo hijo de Dios, sufra derrames, se quede paralítico, sufra del estómago o se vuelva neurótico. Siendo el hombre originariamente hijo de Dios, es perfecto y está dotado de infinita fuerza vital, por lo tanto es imposible que él enferme, esto hace que cuando ocurren los hechos de enfermedad estos se conviertan en lo inexplicable.

HOMBRE

Yo soy la Verdad.

Soy el Ángel enviado por la Verdad.

Soy la Luz que emana de la Verdad.

Soy la Luz que extingue la ilusión.

Soy el Camino; aquel que cumple mi Palabra no se aleja del Camino.

Soy la Vida; aquel que bebe en Mí no enferma, no muere.

Soy la Redención; aquel que llama por Mí será remido y vivirá en el Reino de Dios.

 

En el tramo que dice “Yo soy la Verdad” es el ángel enviado del Cielo, quien lo dice.

A continuación dice “Soy el Ángel enviado por la Verdad”. Con certeza el ángel viene de la Verdad y como la Verdad en sí es invisible e inaudible, ella se personifica en forma de ángel y se manifiesta de modo visible y audible.

La Providencia salvadora se manifiesta como vibración de la Verdad. Esa vibración es visible a los que poseen ojos espirituales y audible a los que poseen oídos espirituales. Para los que no consiguen ver ni oír la vibración de la Verdad, esta puede ser expresa en palabras habladas o escritas. Si de esta forma incontables personas son salvadas, es porque las palabras que transmiten la Verdad ya no son palabras del ponente o escritor carnal, sino palabras dichas o escritas por la propia Verdad, por Dios. Esa vibración de la Verdad es vista por los videntes como imágenes de ángeles, de Cristo o de divinidades.

...“Yo soy la Verdad, soy el Ángel enviado por la Verdad. Soy la Luz que emana de la Verdad, soy la Luz que extingue la ilusión”. Como dice el propio texto, el ángel es la luz que emana de la Verdad, es la luz que elimina la ilusión. Cuando surge la luz, desaparecen las tinieblas. Las manifestaciones imperfectas, es decir, las manifestaciones de la ilusión, desaparecen cuando la luz de la Verdad incide sobre ellas. Las curas que ocurren en Seicho-No-le no son obtenidas por algún método o recurso; las enfermedades desaparecen bajo la luz de la Verdad. Cuando leemos la obra La Verdad de la Vida y nos despertamos para la Verdad de que somos hijos de Dios, todos los tipos de tiniebla “” desaparecen.

Después viene escrito: “Soy el Camino; aquel que cumple mi Palabra no se aleja del Camino”. Se refiere al camino Universal, absoluto e impecable. Laotse* dijo que “Quién se apega al camino no camina”...

El camino Universal, siendo infinitamente libre y flexible, jamás nos deja sin alternativa. Es el camino que vivifica a todos y a todo. El camino Universal es tan flexible que permite a la fuerza de la Naturaleza ahora resonar entre el cielo y la tierra como trueno, ahora transformar el nitrógeno de la atmósfera en fertilizante, ahora transformarse en lluvia que riega la tierra, ahora se metamorfosea en nieve para purificar el cielo y la tierra. La fuerza de la Naturaleza se transfigura libre y versátilmente, atendiendo a las necesidades, y así debe ser. Si ella considerase benéficos tan sólo los días soleados y los mantuviera intransigentemente para siempre, ¿que ocurriría? Todo secaría, El tiempo bueno es necesario, pero el camino Universal permite que la fuerza de la Naturaleza se manifieste también como viento, lluvia, nieve, trueno etc., conforme a la necesidad. Así es el camino universal.

El camino verdadero es aquel que nos permite actuar de mil modos diferentes conforme las circunstancias, a fin de vivificar a todos y a todo. Ahora necesitamos ser bondadosos como un santo, ahora actuar con autoridad de forma enérgica, de modo adecuado a cada circunstancia. Y, ¿que debemos hacer para seguir el camino verdadero? Para eso, basta que nos adentremos en la Imagen Verdadera, es decir, que comprendamos nuestra Imagen Verdadera, el nuestro Yo verdadero. Como digo siempre, cuando obtenemos la firme convicción de que somos hijos de Dios, se manifiesta espontáneamente nuestra Imagen Verdadera de absoluta libertad y conseguimos seguir el camino verdadero, viviendo una vida libre y flexible.

Prosiguiendo, la Sutra dice: “Soy la Vida; aquel que bebe en Mí no enfermará”. El ángel, que antes dijo “Soy la Verdad (...) Soy la Luz (...) Soy el Camino”, dice que también es Vida. Eso quiere decir que el camino Universal es Vida al mismo tiempo. El ángel está transmitiendo lo siguiente: “¡Yo soy la Vida, la Imagen Verdadera absoluta! ¡Busquen la Vida en mí! ¡Soy aquel que os vivifica! ¡Las personas buscan la Vida en remedios, en reconstituyentes, en inyecciones, etc. para vivir; pero la Vida no está en productos materiales! ¡Ellos no poseen fuerza para vivificar nada! ¡Están buscando la Vida en cosas sin Vida!

¿No comprenden que algo sin Vida no puede vivificar el hombre?

¡Solamente la Vida vivifica la Vida! ¡Beban la Vida en mí! ¡Quien bebe la Vida en mí vivirá verdaderamente!”.

¿De donde viene ese ángel que se dice Vida? Él viene de Dios.

¿Y donde está Dios? Él no está específicamente en un determinado lugar, está en todos los lugares; no está específicamente en el pasado, en el presente o en el futuro, está tanto en el pasado como en el presente, como en el futuro. Quizás alguien pregunte ¿Cómo es posible que exista un ser tan complicado? pero nuestro Yo, el hombre verdadero, es así también. Estamos aquí y al mismo tiempo en todos los lugares. Estamos aquí ahora y al mismo tiempo en todos los tiempos. El Yo que está aquí, trascendiendo el tiempo y el espacio, es el hombre verdadero, es el propio Dios. Pero ese Yo no es el hombre carnal. Para explicar eso, el ángel dice:

Habiendo así predicado el Ángel, vuelve el Querubín a indagar:

“Maestro, esclareced la naturaleza real del hombre”.

Responde el Ángel:

El Hombre no es materia,

no es cuerpo carnal,

no es cerebro,

no es célula nerviosa,

no es glóbulo sanguíneo,

no es suero sanguíneo,

no es célula muscular.

Ni es el conjunto de todo esto.

Conoced bien la Imagen Verdadera del hombre:

el hombre es Espíritu,

es Vida,

es Inmortal.

Dios es la Fuente Luminosa del hombre

y el hombre es Luz emanada de Dios.

No existe fuente luminosa sin luz,

ni existe luz sin fuente luminosa.

Así como luz y fuente luminosa son un sólo cuerpo,

Dios y hombre son un sólo cuerpo.

Porque Dios es Espíritu,

El hombre también es Espíritu

Porque Dios es Amor,

El hombre también es Amor.

Porque Dios es Sabiduría,

el hombre también es Sabiduría.

El Espíritu no es peculiar a la materia,

el Amor no es peculiar a la materia,

la Sabiduría no es peculiar a la materia.

Por lo tanto, el hombre, que es Espíritu,

que es Amor,

que es Sabiduría,

nada tiene que ver con la materia.

El hombre verdadero,

porque es Espíritu,

porque es Amor,

porque es Sabiduría,

porque es Vida,

es incapaz de pecar,

es incapaz de enfermar,

es incapaz de morir.

 

Aquí el ángel dice que “El hombre es Luz emanada de Dios”.

Antes, sin embargo, él había dicho “Soy la Luz que emana de la Verdad (de Dios)”. Entonces ustedes se preguntarán  ¿Somos iguales al ángel?

Realmente, El hombre también es luz que emana de Dios, así como Kanzeon, Jesucristo o el Ángel de Seicho-No-Ie. Por lo tanto, el hombre es igual a Jesucristo o Sakyamuni. Todas las personas sin excepción, aunque parezca que estamos en este mundo fenoménico, estamos en realidad en el mundo de la Imagen Verdadera, como hijos de Dios iguales a Jesucristo y a Sakyamuni. Sólo que el hombre fenoménico no tiene conciencia de esto. Por no tener conciencia de esto es que ubica a Dios en otros lugares, en el cielo, en los templos, en las imágenes etc. Llamar por Dios no significa llamar por una fuerza exterior; significa descubrir la propia Imagen Verdadera del hombre, la propia naturaleza verdadera - que es igual a la de Sakyamuni y de Jesucristo - y confiar en ella.

Seicho-No-le afirma: “¡Usted no es un ser separado de Dios! ¡Su interior (no es interior del cuerpo), su Imagen Verdadera su naturaleza verdadera, es Dios! ¡Entréguese a su naturaleza verdadera! Así, desaparecerá el estado imperfecto, que es su aspecto falso”.

La relación entre el hombre-Dios (nuestra Imagen Verdadera) y Dios fuente es la misma que existe entre los rayos solares y el Sol; no existen rayos solares sin Sol. Si existe luz, es porque existe una fuente luminosa. No puede existir luz sin fuente luminosa. La luz y la fuente luminosa son una unidad inseparable. Cuando conocemos la fuente luminosa llamada Dios, comprendemos que el hombre, originado por Dios, es también luz, y que Dios y el hombre son uno. No somos seres distintos. Esa luz no es la luz física. Cité la luz solar sólo como ejemplo, en realidad me refiero a la luz de Dios.

La Sutra dice:

Porque Dios es Espíritu, el hombre también es Espíritu.

Porque Dios es Amor, el hombre también es Amor.

Porque Dios es Sabiduría, el hombre también es Sabiduría.

Por lo tanto, no somos luz física, sino luz de Espíritu, luz de Amor y luz de Sabiduría, que emana de Dios. En este tramo, la palabra “Espíritu” significa “substancia inmaterial” o aquello “que trasciende la materia” y no se refiere a las entidades espirituales.

La frase “Porque Dios es Amor, el hombre también es Amor” significa que el hombre es amor porque proviene de Dios, que es amor. Los budistas usan la palabra “amor” en sentido negativo, es decir, en el sentido de “apego”, Parece que ellos prefieren la palabra “caridad”, Sin embargo, dos días atrás, leí en una Sutra budista, la Sutra del Nirvana, la expresión “amor sublime”. Este es el amor verdadero, el amor de Dios, el amor-Imagen Verdadera, que nos hace sentir: “Yo y los otros somos uno”. Este sentimiento de unidad es la base de todo amor.

La Sutra dice “Porque Dios es Amor, el hombre también es Amor. Porque Dios es Sabiduría, el hombre también es Sabiduría”. En Dios, el Amor y la Sabiduría no son atributos independientes. Cuando se asocian Amor y Sabiduría es que se manifiesta la fuerza capaz de beneficiar a todos y a todo. Quien siente solamente amor es un lisiado, así como aquel que sólo posee sabiduría. Por eso, en el paraíso Buda está acompañado de Kanzeon Bossatsu, que representa el amor, y Seishi Bossatsu, que representa la sabiduría, formando una trinidad que actúa con un sólo objetivo. De ese modo, la sabiduría y el amor no deben caminar separados  pues en conjunto realizan un trabajo perfecto.

A seguir la Sutra dice:

“El Espíritu no es peculiar a la materia, el Amor no es peculiar a la materia, la Sabiduría no es peculiar a la materia”.

El Espíritu, aquí, no se refiere al cuerpo espiritual o a las almas desencarnadas, que no son existencias verdaderas, en absoluto sino a existencias fenoménicas, aparentes. El hombre-Imagen Verdadera jamás cae en ilusión, pero el hombre-apariencia se ilusiona y reencarna varias veces como existencia aparente o falsa. Empleamos la palabra “Espíritu” para expresar la propiedad “inmaterial, maravillosa y sublime” que la Imagen Verdadera de la Vida posee. La Vida realiza una actividad maravillosa y sublime que jamás puede ser realizado por la materia, que sólo tiene la propiedad de reaccionar física y químicamente siempre de la misma forma. Eso es lo que la Sutra quiere decir. Esa maravillosa y sublime propiedad de la Vida no viene de la materia. El amor, que tiene la maravillosa propiedad de vivificar los seres, no viene de la materia. La maravillosa facultad mental llamada sabiduría no viene de la materia. Por eso está escrito: “El Espíritu no es peculiar a la materia, el Amor no es peculiar a la materia, la Sabiduría no es peculiar a la materia”

 

Cuando Cristo dijo “Están perdonados tus pecados”, el pecado del enfermo desapareció inmediatamente porque no era existencia verdadera, y consecuente-mente ocurrió a cura. ¡El pecado no existe! ¡El mal no existe! Ellos están sólo en la mente. La idea de pecado está en la mente encariñada al yo fenoménico y falso. Por lo tanto, cuando abandonamos ese apego y penetramos en el mundo de la Imagen Verdadera, donde sólo hay luz, nos liberamos de pecados, karmas y todos los males. Es eso que quiere decir el siguiente tramo:

 

Tanto el pecado, como la enfermedad, como la muerte, nada más son que pesadillas vuestras.

Concienciad la Imagen Verdadera de la Vida.

Concienciad el Hombre-Real que es vuestra Imagen Verdadera.

El Hombre Real es Hombre-Dios, es la propia imagen de Dios.

Lo que muere no es Hombre Real.

Lo que peca no es Hombre Real.

Lo que enferma no es Hombre Real.

Hombres de la faz de la Tierra, yo os digo:

Conoced la Imagen verdadera de vosotros propios.

Vosotros propios sois el Hombre Real y ninguna otra cosa.

Por lo tanto, el hombre, cuando es visto por los ojos de la Verdad, es aquel incapaz de pecar, es aquel incapaz de enfermar, es aquel incapaz de morir.

Hay quien diga: “¡Pecador! ¡Pecador!”

Dios no creó pecador alguno, por eso, en este mundo no existe ningún pecador.

El pecado es contrario a la naturaleza verdadera de hijo de Dios, la enfermedad es contraria a la naturaleza verdadera de la Vida, la muerte es contraria a la naturaleza verdadera de la Vida, pecado, enfermedad y muerte no pasan de sombras de las ilusiones de la mente que, en sueños, imagina cosas inexistentes.

En el mundo de la Imagen Verdadera, Dios y Hombre son un sólo cuerpo.

Dios es la Fuente de la Luz y el Hombre es la Luz emanada de Dios.

 

Este párrafo dice exactamente lo que se explicó anteriormente. El hombre verdadero es perfecto. Aquel que reencarna, enferma y comete pecados es el falso hombre. Nuestra naturaleza verdadera es la propia imagen de Dios y es eternamente indestructible. El que se destruye no es el hombre verdadero; el que peca no es el hombre verdadero; el que enferma no es el hombre verdadero; este es el hombre aparente y falso. Por eso, el ángel aclama: “Hombres de la faz de la Tierra, yo os digo: Conoced la naturaleza verdadera de vosotros propios. Vosotros propios sois el Hombre Real”. Este es un tramo muy importante que sugiere la sustitución del “falso yo” por el “Yo verdadero” que, en términos cristianos, sería “arrepentimiento” o conversión “”. Recomiendo la lectura de los volúmenes 13 y 14 de La Verdad de la Vida, en que esclarezco más detalladamente el asunto.

El primer capítulo del Génesis habla de la creación del hombre-Imagen Verdadera por Dios, pero el segundo capítulo dice que Jehová (Señor Dios) creó Adán con el polvo de la tierra y le sopló en las narices el aliento de la vida. Esta segunda narración es la creación del hombre carnal por la ilusión; el hombre está descrito como un ser dualista, constituido de materia (simbolizada por el polvo de la tierra) y de espíritu (simbolizado por el aliento de vida). Tal visión dualista del hombre nos lleva a la triste conclusión de que somos un ser efímero, destinado a ser expulsado del Edén y a retornar al polvo de la tierra. El budismo también considera el hombre un ser transitorio, viendo su lado aparente y falso. En vez de ver la Imagen Verdadera diamantina e indestructible del hombre, ve sólo su apariencia transitoria y destructible, cubriendo la Imagen Verdadera. Este encubrimiento constituye el primero pecado, el pecado original de Adán. Esto está expresado en el Sutra con las siguientes palabras:

 

La ilusión fundamental que hace al hombre tener la pesadilla de que el pecado, la enfermedad y la muerte son existencias verdaderas surgió, en tiempos remotos, de la teología según la cual el hombre fue hecho del polvo de la tierra y en los días actuales, de la ciencia moderna según la cual el hombre es hecho de materia.

Eso constituye la ilusión inicial que lleva el hombre a imaginar el pecado, la enfermedad y la muerte.

Cuando desaparece esta ilusión inicial, es destruida la causa fundamental  del pecado, de la enfermedad y de la muerte y vuelven a la nada original.

Al leer Seicho-No-le y  conocer la Verdad, si sois curados de enfermedades, es porque se destruyó la ilusión inicial.

No existiendo la ilusión inicial, no existirá la ilusión siguiente.

No existiendo ninguna ilusión, por qué el hombre es originariamente puro, aunque desee pecar, es incapaz de pecar; no existiendo ilusión alguna, porque el hombre es libre de enfermedades, aunque desee enfermarse, es incapaz de enfermar.

No existiendo ninguna ilusión, por qué es originariamente Vida eterna, es incapaz de morir.

 

El hombre desconoce que su propia Imagen Verdadera es divina, que posee dentro de sí la infinita fuerza vivificadora de Dios, la infinita fuerza redentora de Buda;  el hombre pretende recoger en el mundo exterior la fuerza para vivir, ora apoyándose en remedios, ora en el poder económico de su padre;  el hombre se considera un ser imperfecto que necesita de algún añadido externo para completarse; y pretende esconder sus defectos; este es el significado de la narración de Adán y Eva, que se cubrieron con hojas de higuera, considerándose imperfectos y avergonzados al presentarse delante de Dios. La intención de Adán era esconder su aspecto exterior, pero acabó encubriendo la Imagen Verdadera divina y perfecta de su interior.

La función de la religión es hacer comprender al hombre que el cuerpo carnal no es existencia verdadera; por lo tanto curar ese cuerpo, que es falsa existencia, no es función de la religión. La religión cura la enfermedad, pero su modo de curar es diferente. En la verdad, “curar” no es el término apropiado; la enfermedad es que se desmorona y desaparece por sí misma cuando se deshace la ilusión (el karma) que la causaba. Es de esta forma que ocurren muchas curas en Seicho-No-le. Por envidia, algunos religiosos que no consiguen curar enfermedades dicen: “Las religiones que se dan a la cura de enfermedades son inferiores; mi religión no lidia con enfermedades”. No es que ellos no lidien con enfermedades; la verdad es que no consiguen curar por que no saben eliminar la ilusión o el karma. ¿Que es, finalmente a enfermedad? Ella es manifestación del karma. No poder curar enfermedades es prueba de incapacidad de eliminar el karma. ¿Y cual es la finalidad de la religión? Es eliminar el karma (la ilusión) para que se manifieste la Imagen Verdadera. Permitir al hombre eliminar el karma, trascender la causalidad y vivir libre de karma - esta es la salvación que la religión debe proporcionar.

Destruyendo la ilusión, desaparece consecuentemente la enfermedad.

 

Por lo tanto, hombres de la faz de la Tierra,

buscad con fervor vuestro cuerpo verdadero,

que es Espíritu;

No lo busquéis en la materia ni en la carne,

que son productos de ilusiones.

Cristo dijo:

 “El Reino de Dios está dentro de vosotros”

En verdad, en verdad, os digo:

“Dentro de vosotros” está la

“naturaleza verdadera del hombre”,

es el Hombre Real.

“Dentro de vosotros”, es decir,

 la “naturaleza verdadera”,

es Hombre-Dios;

por esto, solamente “dentro de vosotros”

existe el Reino de Dios.

Aquel que lo busca en el exterior

es un perseguidor de ilusiones y

no conseguirá jamás alcanzar

el Reino de Dios.

Aquel que desea alcanzar el

Reino de Dios en la materia

es un perseguidor de ilusiones y

jamás conseguirá edificar

el Reino de Dios.

 

Aquí hay una advertencia a aquellos que buscan vanamente construir el reino de Dios en el mundo exterior. El reino de Dios está dentro de nosotros, como dijo Jesucristo. Nuestra Imagen Verdadera es Dios; la Imagen Verdadera de todas las personas es Dios. Cuando adquirimos conciencia de esto, se graba en nuestra mente la película del “Reino de Dios”, y enseguida surge en nuestra vida cotidiana un mundo paradisíaco, el cual es proyección de esa película.

Existen madres que llevan a sus hijos a Seicho-No-Ie y se quejan:

“Profesor, no sé lo que hacer con este niño que no aprende nada”.

Respondo inmediatamente: “¡Señora usted está engañada; su hijo es maravilloso!”.

A continuación digo con firmeza al niño: “¡Usted es un chico inteligente que aprende bien!”.

Muchos niños tuvieron notables progresos sólo con oír esas palabras.

Este es un ejemplo de aplicación del poder de la palabra en sentido constructivo. Ya que el poder mental de las personas que conocen Seicho-No-Ie aumenta considerablemente, me gustaría que ustedes pronunciaran sólo buenas palabras, para vivificar a todos los seres por el poder de la palabra. Visto que el mundo de las formas es proyección de la mente, si cambiáramos la mente por el uso de buenas palabras, cambiará también el mundo de las formas.

Tal como dice el Sutra:

 

Cristo dijo también:

“Mi reino no es de este mundo”.

El reino de este mundo no es más que sombra.

El reino paradisíaco existe solamente en el interior.

Solamente reconociendo en el interior el reino paradisíaco

aparecerá en el exterior el reino paradisíaco

como proyección de ese reconocimiento.

Solamente reconociendo en el interior

la Vida de Salud infinita,

aparecerá externamente, en el cuerpo,

la salud perfecta como proyección

de ese reconocimiento.

 

Los cinco sentidos del hombre sólo

ven el “mundo de la proyección”

Deseando purificar el “mundo de

la proyección" debéis purificar

la matriz de la mente y

eliminar las manchas de la ilusión.

Yo vi que el mundo de la materia

es realmente efímero;

vi que el mundo de la materia

sólo es sombra.

Ví también que el hombre es Luz

emanada de Dios.

Vi también que el cuerpo es sólo

sombra de la mente.

La materia nada más es sombra

en mutación,

semejante a la imagen cambiante

del calidoscopio.

Por lo tanto, al ver las figuras,

no la consideréis Realidad.

El hombre, en su naturaleza verdadera,

es Hombre-Dios,

es Espíritu, eterno, indestructible e inmortal,

y no es máquina hecha de materia,

ni es la materia preexistente

en que se alojó el espíritu;

tal dualismo es totalmente erróneo.

La materia es, antes, sombra del

espíritu, producto de la mente,

así como el capullo es producto

del gusano de la seda.

No es en el capullo preexistente

Que se aloja el gusano de la seda;

El gusano de la seda es quien,

expeliendo el hilo, construye el

capullo y en él se aloja.

 

Si Jesucristo pudo realizar los milagros que conocemos, es porque usó el poder de la mente. Y… ¿Cómo podemos manifestar ese poder mental? Para eso necesitamos, por un lado, ejercitar y exteriorizar ese poder por medio de la meditación, y, por otro lado, negar la existencia de la materia y comprender que el mundo visible a los ojos y este cuerpo carnal son meras proyecciones de la mente y que, por lo tanto, pueden ser cambiados conforme la mente. Mientras que veamos a la materia como existencia sólida, más débil será nuestra mente delante de la materia. Es importante es comprender que la materia no existe y que nuestro Yo verdadero es la Vida indestructible, eterna, que puede disponer de la materia a la gana. Solamente entonces tendremos dominio total sobre la materia.

 

También el hombre cuya

naturaleza real es Vida Espíritu,

teje el capullo de carne con

los hilos de su mente

y en él se instala junto con

su espíritu;

solamente entonces el Verbo se hace carne.

Sabed claramente que el capullo no

es el gusano de seda, por lo tanto,

que la carne no es el hombre

sino el capullo del hombre.

Y llegando la hora, así como el

gusano de la seda rompe el capullo y

eleva en vuelo como insecto adulto,

el hombre también rompe el capullo

de carne y asciende al mundo espiritual.

No hagáis, en absoluto, de la muerte del cuerpo la muerte del hombre.

Porque el hombre es Vida,

jamás conoce la muerte.

Según la mente, según la oportunidad, según la necesidad,

manifiesta en el cuerpo y en el ambiente

 

varias situaciones,

sin embargo la Vida en sí no enferma,

la Vida en sí no muere;

según la mudanza de la mente,

libremente podéis modificar vuestra

salud y vuestro ambiente.

Sin embargo, llegará por fin la hora

en que la Vida ya no necesitará

del capullo de carne.

En ese momento,

la Vida romperá el capullo de carne

y ascenderá a un mundo de mucha

mayor libertad.

No hagáis de esto la muerte del hombre.

Porque la esencia del hombre es Vida,

jamás le ocurre la muerte.

Mientras así habla el Ángel,

se oye en el cielo una sublime

música angelical,

caen pétalos, no se sabe de donde,

como glorificando las Verdades predicadas por el Ángel.

 

He ahí como se forma nuestro cuerpo carnal. La Vida-Individuo concentra la fuerza mental en el útero materno (que utiliza como medio), y va soltando “hilos” mentales, así como el gusano de suelta hilo de su boca para construir el capullo, y con esos hilos mentales construye el “cuerpo espiritual” (Otrora, usé la siguiente expresión: “De entrada, se forma el ‘cuerpo mental’ con partículas elementales espirituales”). El “cuerpo espiritual” así formado de hilos mentales o partículas espirituales actúa sobre el óvulo con sus ondas mentales, provoca vibración en el interior de él y va agregando partículas elementales materiales y construyendo el cuerpo carnal. En el cuarto o quinto mes, el “cuerpo espiritual” comienza a unirse al cuerpo carnal, que ya está en fase adelantada de formación. Así, el espíritu va tejiendo el cuerpo carnal con hilos de la mente hasta concluirlo y nacer alojado en él en el fin del noveno mes como ser humano. Pero quiero dejar claro que no estoy hablando del hombre- Imagen Verdadera. Estoy explicando el proceso por lo cual las vibraciones mentales forman el hombre carnal, que es proyección de la mente.

El cuerpo es el “capullo” que aloja el “cuerpo espiritual”, y el capullo no es la crisálida. Llegando la hora, la crisálida se transforma en mariposa, rompe el capullo y sale volando, El capullo entonces se hace un despojo y se queda abandonado. En esta comparación, el capullo corresponde al cuerpo carnal, que es constituido de vibraciones materiales reunidas y organizadas por las vibraciones mentales del “cuerpo espiritual”; y la crisálida, que está dentro del capullo, corresponde al cuerpo espiritual. Por lo tanto, nuestra Imagen Verdadera se identifica más con “el cuerpo espiritual” que con el cuerpo carnal. No podemos, sin embargo, olvidar que la crisálida alojada en el capullo deberá morir algún día. De la misma forma, el “cuerpo espiritual” (normalmente llamado espíritu) tampoco es eterno, pues es constituido de vibraciones mentales. Él se transforma constantemente conforme el cambio de las vibraciones mentales. Y, cada transformación, va purificándose y elevándose. La crisálida, llegando la hora, se transforma en mariposa, sale volando, pone huevos y muere. El cuerpo espiritual, llegando la hora, abandona el cuerpo carnal que él propio construyó y asciende para el mundo espiritual, pero no puede ser considerado eterno, porque es proyección de la mente. El Yo eterno no es el cuerpo carnal ni el espiritual, sino que es la Vida-Esencia que está en el regazo del espíritu, solamente ella es indestructible y eterna. Repito que el ser verdadero del hombre no es el cuerpo carnal, ni el espiritual, sino que es la Vida indestructible, eterna, que está en el regazo del cuerpo espiritual.

Libro Texto: La Verdad de la Vida Vol. 21 - Páginas 119 a la 157

 

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